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Tras el éxito de Abracadabra, la sorprendente película de Pablo Berger que estuvo a punto de representar a España en los Oscar, José Mota trabaja en un guión de ficción. Repetirá su clásico Especial de Nochevieja, pero solo tiene previsto realizar seis nuevos programas de La Hora de José Mota, ya que afirma tener muchos proyectos en mente: “El cine me apasiona, no quiero dejar de soñar”.

Texto: Román Bellver @Romanbellver
Fotos: Xaume Olleros

La película Abracadabra mezcla muchos géneros. ¿Cómo la definiría?
Es una comedia hipnótica que cuenta cosas duras. Habla del maltrato y de la importancia de perder el miedo, de apostar por nosotros mismos y dejar de vivir una vida que no es la adecuada. Llevamos tanto tiempo secuestrados en esta vida de mierda que ni somos conscientes de ella. y esta película te dice de repente “3,2,1, despierta en tu vida”.

¿En qué aspectos ésta película supuso un reto para su trabajo de actor?
Mi gran reto era mantener de manera coherente muchas secuencias dispares que podían pertenecer a géneros cinematográficos distintos que Pablo Berger ha moldeado, dándoles armonía. El resultado es esta fábula que recuerda a obras del genio Woody Allen como La rosa púrpura del Cairo. Pablo Berger arriesgó en la forma de contar la historia. He visto la película seis veces, y cada vez la abrazas más, es una joya.

En Abracadabra interpreta a un aficionado al hipnotismo. ¿Vivimos hipnotizados por los políticos y las redes sociales?
Estamos sofronizados por la costumbre y la rutina, y lo peor que nos puede pasar y nos está pasando es el conformismo, el adormecimiento con nosotros mismos y con el entorno. El ‘nada importa’ y ‘todo da lo mismo’ me da mucho miedo. Esta película también invita a despertar, a pensar que la vida bien conducida es maravillosa si pasamos nosotros por ella, y no ella por nosotros. En ese sentido Abracadabra es un ejercicio maravilloso de toma de conciencia.

¿Pero las hipotecas y demás ataduras que crea la sociedad no impiden esa toma de conciencia?
No, porque nos estamos acomodando en la rutina, incluso en la mediocridad en cuanto al compromiso con nosotros mismos. Ser valiente y vivir una vida honesta contigo mismo conlleva esfuerzos y sacrificios personales. No todo el mundo está dispuesto a pagar ese precio, lo de tumbarte en el sofá, que todo te lo den hecho y que otros peleen por ti, es una actitud cómoda y cobarde.

Dar la espalda al mundo rural es empobrecernos a nosotros mismos

¿Nuestra sociedad no está hecha a medida para priorizar el interés personal?
Es muy importante tomar conciencia de que el entorno somos nosotros. Si todos a una luchamos por algo que nos parece éticamente correcto, al final podemos conseguir que el entorno sea un poco mejor.

El 15M demostró que es fácil movilizarse via redes sociales para cambiar las cosas. ¿Se ha difuminado el efecto?
Hace falta tiempo para que las cosas se posen. Es verdad que estamos viviendo tiempos políticamente convulsos y socialmente desorientadores. Una de las cosas mas perturbadoras es saber con que información te quedas, ¿cual es la correcta? ¿Hasta qué punto la información que nos llega no está contaminada? Soy un poco escéptico, pero quiero pensar que el mundo en el que viviremos dentro de 10 años será un poquito mejor que ahora… de la misma manera que es un poco mejor que hace 50 años. Antes también había problemas, pero la diferencia es que ahora tenemos más acceso a esa información.

Ha aparecido el concepto de micromachismo: ¿Supone un desvío del problema o atacarlo de raíz?
No nos estamos desviando. El micromachismo es la semilla de algo todavía peor. Por eso hay que atacarlo con igual dureza. Al fin y al cabo, es maltrato psicológico. Cualquier forma de maltrato es repugnante. Es una lacra.

¿No sería demasiado subjetivo y peligroso ponerse a analizar las letras y censurar canciones?
Determinar el corte, la frontera exacta, es algo muy sutil, pero es preferible excederse a no llegar. En esas cuestiones tenemos que actuar decididos a aplastar esta lacra. ¿Que nos cogemos la letra de esta canción con papel de fumar? Puede ser, pero prefiero que ocurra y que se siga atacando al machismo. Para mí, compensa.

Hay que ser contundente con el micromachismo, porque es la semilla de algo todavía peor

¿Podemos reírnos de todo? ¿Cuando acaba el buen gusto?
Es un tema complejo. Yo sé cuando acaba el mío. Hay cosas de las que voluntariamente no me gusta reírme. A mi los carteles de prohibido no me gustan, pero tengo mi código ético. Porque no va con la forma con la que entiendo el mundo.

TVE pidió perdón por un sketch suyo sobre un enfermo terminal: ¿Se maltrata al humor en España?
Reírnos de nosotros mismos es un ejercicio muy sano que debemos practicar más. Yo creo en la buena voluntad de la gente. A mí no me gusta hacer nada o trato de no hacer nada que dañe a otro. De alguna forma inexplicable todos sabemos lo que mas o menos está bien o puede dañar. Sentido común, algo que hemos perdido.

¿Percibe una evolución en el humor español?
Sí, a través de nuevas propuestas como El Club de la Comedia. Me parece fantástico lo que pasó con ese programa porque muchas personas, solamente con su ingenio y un micrófono, han tenido la oportunidad de tener un escaparate público. Ha aparecido gente nueva con propuestas muy interesantes.

El acábose no obtuvo el respaldo de la audiencia, pero sí de las redes sociales… ¿No es algo perturbador?
No. La explicación es que la audiencia está cada vez mas fragmentada. Hace 10 años no tenía enfrente a un Clan TV o Disney Channel, y aunábamos más a la familia tanto en mi trabajo por separado como en dúo. De hecho, competir un viernes contra dos transatlánticos como Tu cara me suena o La Voz es una tarea imposible. Entonces hay que aprender a interpretar los nuevos tiempos.

La audiencia siempre manda, pero ¿hay menos paciencia ahora que hace 15 años?
Al haber mayor oferta, probablemente el espectador sea de manera inconsciente más impaciente. Si a los 10 minutos no se han enganchado, se van. Por eso toca hacer concesiones, quizás más en las formas que en el fondo. Pero sí es cierto que te toca pensar de manera dual, saber lo que a ti te gusta y ser consciente en el hueco donde va a ser exhibido.

La serie El hombre de tu vida fue muy exitosa en Argentina, ¿por qué no enganchó en España?
Humildemente pienso que tendríamos que haber adaptado la maravillosa serie de Juan José Campanella a la realidad actual, pues ya no hay tantas agencias y la gente se conoce más por internet. Hay una realidad virtual digital que empapa a la analógica. Previo a conocerte, tocarte, quiero conocerte en las redes. Mi labor solo fue de interpretar. La serie es maravillosa, llena de poesía y emoción, pero ningún paso es baldío. Esta serie me enseño mucho y me sirvió también para interpretar y llegar a proyectos tan hermosos como Abracadabra.

Reírnos de nosotros mismos es un ejercicio muy sano que debemos practicar más

Juan Muñoz aparece en algunos de tus sketches, os habéis planteado volver a formar puntual el dúo Cruz y Raya?
No lo hemos planteado pero nunca se sabe. Han sido 19 años en común y cosas muy bonitas. Cuando Juan y yo terminamos dejamos de trabajar siendo lo más visto de los viernes.

¿En qué ámbito político colaría a su personaje la vieja del visillo?
Me gustaría que pasara tres o cuatro horas en el despacho oval de la Casa Blanca. ¿Qué estará pasando por la cabeza de este hombre? Tengo yo más curiosidad que la vieja del visillo por saberlo! (risas). ¿Cual es el volante o motor del mundo? ¿China o Estados Unidos? Estamos viviendo mucha incertidumbre, no solamente por los que mandan, sino por la celeridad de los cambios… Me acuerdo cuando todo el mundo decía “cuando llegue China a dominar la economía mundial…”, pues ese momento ha llegado. China tiene comprado un 20% de la deuda externa española. Quiero pensar que quien controla la información controlará el mundo, más que la economía, y en ese sentido es Estados Unidos quien la controla.

En sus sketches se inspira mucho en los pueblos, ¿son el refugio de la humanidad?
España ha cometido un pecado dándole la espalda a los pueblos. A partir de los años 70, cuando empezó el bienestar económico, todo lo que olía a rural era como que nos daba un poquito de vergüenza, cuando en realidad eso es empobrecernos nosotros mismos. En lo pequeño y el silencio de los pueblos se oyen cosas que en el ruido de la gran ciudad es imposible escuchar. Me gusta abrazar la cultura de nuestros mayores, hemos sido muy necios dándole la espalda al legado de nuestros abuelos, padres y a todo lo que significaba la palabra pueblo. Tengo la gran fortuna de haber nacido en un pueblo pequeño, Montiel. Luego llegué a Madrid. Son dos formas de entender la vida, de moverme en lo pequeño y en lo grande. A mí me ha dado una riqueza maravillosa. Solo ahora España está empezando a abrazar su mundo rural. Italia ya lo hizo hace tiempo a través de películas como Amarcord o Cinema Paradiso donde se se desprendía el mensaje de “esto somos nosotros también, y nos sentimos muy orgullosos”.

¿Sería una buena medida acoger a refugiados en pueblos con riesgo de desaparición?
Seria maravilloso. Lo sitios no son de nadie. La gente que vive en esos sitios, los hace suyos. Luego vendrán otros. Esta propuesta me parece fantástica.

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