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Nadie duda de las cualidades de Imbula, pero su actitud fuera (y no tan fuera) del terreno de juego debería ser analizada detenidamente por la secretaría técnica del Valencia.

Por Román Bellver (twitter: @Romanbellver)

“De todas formas, me la pela. ¿Y tú qué? ¿Te he dicho que tenía frío? Deja de tocarme los cojones con tu sudadera”, palabras de un jugador de 21 años a un fisioterapeuta sexagenario de la selección sub21 francesa. El futbolista es Giannelli Imbula, que también mostró la misma falta de respeto hacia su entonces seleccionador, Willy Sagnol, excampeón del mundo con Francia en 1998. Lo más preocupante no es la nula educación ante un hombre mayor que le ofrecía taparse tras ser cambiado, ni el calentón con el entrenador que acababa de sustituirle, sino la ausencia de arrepentimiento y disculpas del futbolista.

Los hechos ocurrieron el 14 de octubre de 2013. Willy Sagnol llevaba tiempo apostando por Imbula como titular indiscutible pese a no disponer de muchos minutos en el Marsella. Sagnol no volvió a llamar a Giannelli Imbula con la sub21, que sólo volvería a la selección en octubre de 2014, aprovechando el fichaje de Sagnol por el Girondins de Burdeos durante el verano.
Es cierto que con Marcelo Bielsa el joven mediocentro explotó y atrae ahora el interés de varios equipos europeos, entre ellos el Valencia.
Pero lo importante es que Imbula haya aprendido de sus errores. El pasado 10 de marzo, la policía francesa lo desembarcó de un vuelo Air France en París. ¿El motivo? El jugador, que estaba hablando por teléfono mientras el avión iniciaba maniobras de despegue, se negaba a colgar pese a la insistencia de la azafata y del comandante de vuelo. El futbolista tuvo que tomar un vuelo posterior, perdiéndose una sesión de entrenamiento con el Olympique de Marsella.

Recientemente, un prestigioso ojeador me comentaba que la faceta de detective forma parte de su trabajo, y que descarta sistemáticamente fichar a jugadores problemáticos, aunque acaben contrato. “Los malos hábitos o amistades de un futbolista acaban repercutiéndose sobre su rendimiento e incluso influyendo negativamente sobre algunos compañeros”, aseguraba.
Sin embargo, en el fútbol se tiende a pensar que las malas actitudes son a veces un mal necesario del talento. Craso error. Xavi acaba de retirarse como uno de los mejores centrocampistas españoles de la historia —por no decir el mejor— tras una carrera llena de éxitos y vacía de malos comportamientos. David Villa, máximo goleador de la historia de la Roja, también es un ejemplo de profesionalidad y compañerismo.
El talento por sí solo no es suficiente. Adrian Ilie encadiló a los ojeadores, y durante varios meses a la grada de Mestalla. Ranieri lo apodó la cobra, hasta que Cúper lo sentenció con su famosa expresión “despilfarro de talento”. Asier Del Horno pasó de ser una “oportunidad de mercado” a una ganga envenenada.

Por mucho que brille, una estrella puede ser muy fugaz. Nadie posee una bola de cristal, pero la mayoría de desengaños son evitables. Los jugadores no adquieren vicios al aterrizar en Manises. Miguel Brito —que renunció a ser el mejor lateral derecho de Europa en su día— y Manuel Fernandes ya eran fiesteros en Lisboa. Volviendo al caso de Imbula, Guy Hillion, de la secretaría del Chelsea, reconoció recientemente haber descartado su fichaje principalmente por su peculiar personalidad. Elie Baup, su anterior entrenador en el Marsella, declaró que “es un jugador con un fuerte carácter, y en el alto nivel es una virtud, pero hay que trabajar duro con él para canalizar todo esto”. Dos técnicos, dos visiones: descartar el riesgo o apostar por la evolución del jugador. Inter, Tottenham y sobre todo Valencia se decantan por la segunda.
Nadie duda de las condiciones de Giannelli Imbula, pero Rufete y la secretaría técnica del Valencia tienen que investigar para que sea nuestro fichaje bomba y no una bomba de relojería.

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