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Hace dos años, concluimos en Offside que Messi superaba a Cristiano Ronaldo por su forma de gestionar su talento. Sin embargo, la tendencia parece haberse invertido, con síntomas claros de evolución en el portugués y de involución en el argentino.
En el momento de la comparativa de febrero de 2012 (revista Offside nº7), Cristiano Ronaldo no acababa de aparecer en los grandes partidos. Mostraba su cara más individualista, no le gustaba compartir con sus compañeros las acciones a balón parado y solía hablar más de sus retos personales que de los objetivos colectivos. Messi se situaba en el lado opuesto, poniendo su talento al servicio del equipo, dentro y fuera del campo. Mencionábamos esa faceta de Messi como talento solidario.

Pero el astro argentino también superaba al crack portugués en la inteligencia emocional: entender las emociones ajenas, regular las propias, asumir las críticas, gestionar con eficacia tanto el éxito como el fracaso…
Mientras Messi disfrutaba como un niño jugando con sus amigos, CR7 se mostraba empecinado y crispado sobre el terreno de juego. A menudo, las aficiones rivales centraban sus ataques y provocaciones en él, e incluso sus gestos irritaban a los futbolistas rivales. Lejos de reflexionar sobre los motivos, Cristiano llegó a decir que “los que me critican no saben de fútbol” o “me tienen envidia porque soy guapo, rico y buen jugador”. Retador, altivo, irascible y poco tolerante con la frustración, Cristiano parecía reclamar protagonismo y reconocimiento, hasta el punto de mostrar en público su lujosa vida privada.

Messi, por su parte, mostraba el valor añadido de “los valores”: respetuoso con el rival, humilde en el éxito, prudente en sus declaraciones y discreto en su vida privada. Por lo tanto, la diferencia entre Messi y CR7 no radicaba en el talento, sino en su forma de gestionarlo. El delantero portugués se alejaba de su rendimiento óptimo empecinándose en ser decisivo, mientras que el rosarino mostraba un talento más solidario, más preparado para la dificultad y más inteligente desde el punto de vista emocional.

La involución de Messi

Cualquier jugador ha de saber evolucionar, mejorar en su juego, e incluso estar dispuesto a reinventarse, cambiar su posición o desempeñar un nuevo rol sobre el terreno de juego. Es una exigencia para seguir creciendo en lo deportivo, y Leo Messi no es la excepción. Los rivales le conocen cada vez más y neutralizan mejor su potencial desequilibrante.
Messi empezó jugando más por banda, hasta que Guardiola le llevó al centro, de “falso nueve”, con mayor libertad. Pep lo argumentó desde la inquietud de que Leo se sintiera feliz y más libre sobre el terreno de juego. En una primera etapa funcionó, pero el final de la temporada 2012/13 abrió múltiples interrogantes. Messi ha evolucionado hacia un juego más individualista que coincide con un Barça menos efectivo y más previsible. ¿Qué fue antes? Un Barça poco efectivo necesitado de un Messi más desequilibrante, o un Messi más individualista haciendo al Barça más previsible?

Paralelamente, Messi muestra otros síntomas preocupantes. Acabó la temporada con problemas físicos y, tras un verano repleto de compromisos comerciales, inició la temporada con molestias y se lesionó. Ha sido público su desencuentro con algún compañero que acabó saliendo del Barça. Juega siempre, sin que la dosificación de esfuerzos y la regulación de minutos tengan que ver con él. Incluso la llegada del Tata Martino, accidental o intencionada, ha alimentado la sospecha del diseño de un equipo hecho por y para Messi.

¿Es correcto complacer, mimar y consentir el talento de Leo Messi o habría que ponerle algunos límites? En mi opinión, el aprovechamiento del talento exige poner límites marcados por el concepto de equipo, la condición física y el equilibrio emocional necesarios para el rendimiento óptimo.

No existe persona alguna que a los 26 años esté preparada emocionalmente para llevar sobre sus hombros la responsabilidad del éxito o fracaso deportivo del Barça. Mimar y consentir al talento va en detrimento de la cohesión interna y del rendimiento colectivo. Un estudiante brillante puede desperdiciar su inteligencia y convertirse en un tirano para su entorno si no se le ponen límites para favorecer su aprendizaje afectivo, moral y social. Lo mismo ocurre con el mejor jugador del mundo: agradecerá que le pongan límites para un mayor desarrollo, socialización y aprovechamiento de su talento.

¿Dispone Messi de alguna persona de su confianza con autoridad moral para hacerle ver su posible equivocación? Es muy importante que el futbolista tenga a alguien en su entorno que se atreva a decirle aquello que precisamente no le gusta escuchar. Entonces ¿cabría hablar de evolución o de involución futbolística en el caso de Messi? El tiempo irá resolviendo esta cuestión. Lo cierto es que Messi no está a su mejor nivel y sus recurrentes arcadas apuntan a que no es tan feliz sobre el terreno de juego.

La evolución de Cristiano Ronaldo y vestir el talento

Paradójicamente, la evolución de Cristiano Ronaldo parece llevar una dirección opuesta a la de Messi. Y eso va mucho más allá de su Balón de Oro. Estamos viendo a un futbolista más maduro a nivel personal, más solidario sobre el terreno de juego, menos crispado, más feliz… Esa evolución coincide con su mejor rendimiento desde su llegada al Real Madrid. Cristiano está sabiendo evolucionar en el plano personal y emocional, ha dimitido como soldado de Mou y está disfrutando mucho más de su trabajo, en complicidad con sus compañeros. Su manera de arropar y aconsejar a Jesé es uno de los ejemplos palpables. Sin duda, esto le ayuda a ser mejor futbolista.

Cualquier persona puede aprender a gestionar su talento para rentabilizarlo al máximo. Ahí reside el auténtico valor del talento. Es necesario vestir el talento, educarlo, lo que La Masía ha sabido hacer muy bien desde que Messi llegara de Argentina siendo un niño. Un talento educado es un talento solidario, resiliente, positivo, mientras que un talento consentido y mimado no pasa de ser un talento “salvaje” y tirano.

Al igual que el alpinista desorientado tras llegar a la cima no puede pararse por cansancio y dormir por riesgo a morir por hipotermia, el futbolista desorientado por el éxito no puede dormirse en los laureles. Rápidamente, acabaría devorado por la exigencia de la alta competición. El tiempo dirá si la tendencia de evolución o involución se confirman tanto en Messi como en Cristiano Ronaldo.

Texto: José Carrascosa / www.sabercompetir.com (twitter: @sabercompetir)
Foto: www.offsidemag.es

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